La democracia en alerta: seƱales preocupantes para la Argentina
- Ćrea de Democracia y VĆnculos para el Desarrollo de la FNGA
- 16 jun
- 6 min de lectura
La democracia argentina atraviesa un proceso de creciente deterioro institucional impulsado por decisiones, iniciativas y prĆ”cticas promovidas por el Gobierno nacional. Los intentos de controlar la incidencia de las organizaciones de la sociedad civil, el hostigamiento permanente a periodistas, la ampliación de las facultades estatales de vigilancia y las seƱales de intolerancia hacia las voces crĆticas constituyen hechos que, observados en conjunto, revelan una tendencia preocupante.
Los siguientes casos son sólo ejemplos de señales de alerta que merecen ser observadas en conjunto, reflejando una lógica preocupante hacia el debilitamiento de los contrapesos democrÔticos.
Una ley que atenta contra las organizaciones de la sociedad civil
El reciente proyecto de regulación de la āgestión de interesesā presentado por el Poder Ejecutivo fue anunciado bajo la bandera de la transparencia. Sin embargo, numerosas organizaciones especializadas como Fundación Avina, Poder Ciudadano y Fundación Ambiente y Recursos Naturales advirtieron rĆ”pidamente un problema central: el proyecto no diferencia adecuadamente entre el lobbyĀ corporativo destinado a defender intereses particulares y la incidencia pĆŗblica que realizan organizaciones sociales, ambientales, educativas, cientĆficas y de derechos humanos.
En caso de aprobarse la ley tal como la plantea el proyecto oficialista, las consecuencias serĆan graves. Bajo una definición extremadamente amplia, actividades tan habituales como reunirse con un legislador, enviar una propuesta tĆ©cnica, participar de una audiencia pĆŗblica o impulsar cambios en una polĆtica pĆŗblica podrĆan quedar alcanzadas por obligaciones, controles y sanciones pensadas originalmente para la actividad de lobbyĀ corporativo.
La sociedad civil organizada cumple una función indispensable en cualquier democracia. Monitorea al Estado, promueve derechos, genera evidencia, representa demandas ciudadanas y contribuye a mejorar las polĆticas pĆŗblicas. Equiparar ese trabajo con la defensa de intereses privados no fortalece la transparencia: debilita la participación ciudadana y coloca bajo sospecha a quienes trabajan por el bien comĆŗn y la defensa de los derechos humanos.
Resulta especialmente preocupante que el proyecto contemple sanciones económicas extremadamente elevadas e incluso consecuencias penales de hasta 2 aƱos de prisión para quienes incumplan sus disposiciones. El mensaje polĆtico es claro: quien busque influir en las decisiones pĆŗblicas deberĆ” hacerlo bajo un esquema de vigilancia estatal que puede transformarse fĆ”cilmente en una herramienta de control y disciplinamiento.
Bajo esta situación alarmante, las organizaciones no niegan la importancia de la regulación del lobby; por el contrario, plantean que contar con reglas claras para su funcionamiento puede favorecer la transparencia, reducir los riesgos de conflictos de interés y fortalecer los mecanismos de control sobre la gestión pública. Sin embargo, enfatizan en la necesidad de establecer marcos regulatorios diferenciados para la representación de intereses particulares o sectoriales y para las acciones de incidencia pública impulsadas por organizaciones que promueven derechos, bienes comunes e intereses colectivos.
El ataque sistemƔtico a la prensa
Durante este perĆodo de gobierno se ha instalado una lógica de confrontación permanente con periodistas y medios de comunicación. Las descalificaciones pĆŗblicas ādesde las cuales el propio presidente ha llegado a referirse a periodistas como "basuras repugnantes" y "delincuentes"ā han dejado de ser episodios excepcionales para transformarse en una prĆ”ctica recurrente. La reiteración de mensajes como "no odiamos lo suficiente a los periodistas" no sólo degrada el debate pĆŗblico, sino que busca erosionar la legitimidad social de una de las principales herramientas de control democrĆ”tico: la prensa independiente. Cuando desde el poder se seƱala a periodistas como enemigos, no sólo se afecta a personas concretas y su imagen pĆŗblica, sino que tambiĆ©n se busca erosionar la legitimidad social de una de las principales herramientas de control democrĆ”tico.
La reciente denuncia contra los periodistas Ignacio Salerno y Luciana Genua, por realizar tareas de cobertura en la Casa RosadaĀ constituye otro ejemplo de esta tendencia. A pesar de la reapertura de la sala de prensa, actualmente persisten restricciones al trabajo periodĆstico dentro de la sede de gobierno, con limitaciones de acceso a distintos espacios, mayores controles y la interrupción de las conferencias de prensa periódicas.Ā
Del mismo modo, la creación de estructuras estatales destinadas a responder y confrontar sistemĆ”ticamente contenidos periodĆsticos bajo el argumento de ācombatir la desinformaciónā -como es el caso de la "Oficina de Respuesta Oficial"- genera serias preocupaciones sobre la utilización de recursos pĆŗblicos para seƱalar y desacreditar voces crĆticas.
Inteligencia estatal y ampliación de facultades de vigilancia
Otra de las señales mÔs preocupantes surgió con la reforma del sistema de inteligencia impulsada mediante el DNU 941/2025. La medida no fue producto de una ley debatida por los representantes legislativos, sino de una determinación adoptada unilateralmente mientras el Congreso estaba en receso.
La norma exigĆa que numerosos organismos del Estado compartan información sensible de la población con la SecretarĆa de Inteligencia de Estado (SIDE), sin establecer procedimientos especĆficos ni garantĆas de fiscalización. Asimismo, la medida otorgó a los servicios de inteligencia facultades inĆ©ditas en democracia, incluyendo la posibilidad de participar en acciones que deriven en detenciones. Diversas organizaciones alertaron que el decreto ampliaba significativamente las capacidades estatales de acceso a información personal, debilitaba mecanismos de control y otorgaba facultades incompatibles con los estĆ”ndares democrĆ”ticos construidos por la Argentina desde el retorno constitucional.
Si bien varios de los aspectos mĆ”s controvertidos fueron posteriormente revisados ante el amplio rechazo social e institucional que generaron, el episodio resulta igualmente alarmante, al revelar unaĀ voluntad polĆtica de avanzar sobre garantĆas fundamentales vinculadas a la privacidad, la libertad individual y el control ciudadano sobre los organismos de inteligencia.
Cuando la crĆtica al poder parece tener costos
La fallida intención del Gobierno nacional de retirar el pliego de una candidata a jueza federal, MarĆa Verónica Michelli, vinculada familiarmente al periodista de investigación Hugo Alconada Mon, encendió una nueva alarma institucional. El episodio adquiere especial gravedad porque ocurrió en un contexto en el que el periodista se encuentra dando a conocer investigaciones sensibles para el oficialismo, entre ellas, una sobre la vinculación directa del gobierno con el presunto fraude vinculado a la promoción de la criptomoneda $LIBRA.
La decisión generó un fuerte rechazo incluso dentro de sus propias filas. La presidenta del bloque oficialista en el Senado, Patricia Bullrich, manifestó su desacuerdo con la medida, planteó una āobjeción de concienciaā frente a la decisión presidencial y llegó a poner a disposición su renuncia al cargo bajo el argumento de que āno se puede atribuir consecuencias disciplinarias por una relación familiarā. Que incluso dirigentes del propio oficialismo hayan considerado inaceptable la decisión refleja hasta quĆ© punto el episodio fue percibido como una seƱal preocupante para el tratamiento de las voces crĆticas al poder.
Una preocupación que trasciende las diferencias polĆticas
Desde hace mĆ”s de 35 aƱos, nuestra Fundación trabaja por el fortalecimiento democrĆ”tico, la participación ciudadana, la construcción de consensos y la articulación entre sectores diversos de la sociedad. Lo hemos hecho junto a gobiernos de distintos signos polĆticos, siempre desde una posición independiente, plural y comprometida con los valores democrĆ”ticos.
Por esa trayectoria creemos necesario advertir sobre una tendencia que trasciende cualquier diferencia partidaria. Lo que estĆ” en discusión no es una polĆtica pĆŗblica especĆfica ni una disputa ideológica coyuntural.Ā Lo que estĆ” en juego son las condiciones que permiten que una democracia funcione plenamente.
Cuando se busca controlar a las organizaciones de la sociedad civil, cuando se hostiga a la prensa, cuando se amplĆan facultades de vigilancia estatal y cuando se deslegitima a quienes ejercen tareas de control democrĆ”tico, el resultado es siempre el mismo: se reduce el espacio cĆvico, se debilitan las libertades y se deterioran los mecanismos de rendición de cuentas que limitan el poder.
Robert Dahl, uno de los principales referentes de la teorĆa democrĆ”tica contemporĆ”nea, afirmaba que las democracias modernas dependen de la existencia de instituciones capaces de garantizar la libertad de expresión, el acceso a información independiente, la libertad de asociación y la participación efectiva de la ciudadanĆa en los asuntos pĆŗblicos. Estas no son condiciones accesorias, sino los pilares que permiten controlar al poder y preservar la calidad democrĆ”tica.Ā
En la misma lĆnea, Guillermo O'Donnell advirtió que las democracias pueden degradarse aĆŗn cuando continĆŗen celebrĆ”ndose elecciones libres. Su concepto de "ciudadanĆa de baja intensidad" describe precisamente aquellos contextos en los que los derechos polĆticos subsisten formalmente, pero las garantĆas, libertades y mecanismos de control que permiten a la ciudadanĆa ejercer plenamente su condición democrĆ”tica comienzan a debilitarse.
Ese es el riesgo que hoy advertimos.
La reducción de los espacios de participación, el cuestionamiento permanente a las voces crĆticas, los intentos de controlar la incidencia de las organizaciones sociales y la expansión de facultades estatales de vigilancia no son hechos inconexos. Forman parte de una misma dinĆ”mica que limita la capacidad de la sociedad para expresarse, organizarse, controlar al poder e influir en las decisiones pĆŗblicas.
Defender la libertad de expresión, la participación ciudadana, la autonomĆa de las organizaciones sociales, la democracia ambiental y los mecanismos de control del poder no es defender intereses sectoriales. Es defender las condiciones mĆnimas que hacen posible una sociedad libre, plural y democrĆ”tica. Y es precisamente en momentos como este cuando esa defensa se vuelve sumamente necesaria.
