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Un mundo en crisis, que pese a todo se resiste a cambiar


Es suficientemente evidente que la doble crisis del cambio climático global y de la pérdida acelerada de biodiversidad, ésta ultima a la que menos respuesta probablemente se ha haya intentado dar hasta aquí, son manifestaciones graves -y que entrañan riesgos cada vez más agudos- del desequilibrio entre las pulsiones extractivas y contaminantes de las actividades económicas y la capacidad de la Tierra de regenerar los sistemas afectados por aquellas actividades productivas más negativas para los sistemas biofísicos, pues exceden largamente las tasas de regeneración de los sistemas naturales. Además, esa doble crisis no solo pone en riesgo la prosperidad corriente y cercana de (una parte) de la población actual del planeta, también representa una amenaza para la supervivencia humana de largo plazo, en cuanto significa que aún superar un aumento de 1.5 °C de la temperatura global, respecto de los niveles pre-industriales, como el que postula el Acuerdo de París, podría desencadenar múltiples puntos de inflexión climáticos (McKay , D.I.A. et al., 2022), atravesando fronteras planetarias hasta una instancia ya irreversible (también irreparable?) (Rockstrom, F. y Raworth, K., 2015).

Lo que esta claro, aunque las distorsiones y las disfunciones de la economía global constituyan una barrera poderosa para la reforma racional de los sistemas tan manifiestamente en crisis, (tal vez no endógenamente, pero si en sus efectos sobre los ecosistemas en los que se asientan) es que las actividades económicas humanas, incluso en sistemas económicos con distintas y hasta contrapuestas modalidades de organización, alteran los sistemas naturales y debilitan severamente la resiliencia de los procesos de esos sistemas naturales de la tierra que, en el límite, impiden que esos mismos procesos puedan permanecer en el estado de equilibrio actual o cuasi equilibrio inestable en el que se despliegan, incluso con enormes limitaciones, y acentúa los desbalances que una parte de lo sociedad, especialmente en los países del sur global soporta con distintos matices.

Una mirada, aunque global, ceñida no obstante al corto plazo, debe permitir elucidar una primera aproximación a los posibles escenarios en los cuales puedan desenvolverse las ineludibles transformaciones que hagan viables las transiciones socio técnicas radicales que el cambio climático y la adopción de un sendero de sostenibilidad profundo y no meramente superficial, exigen. Esa mirada indica, realistamente, que, no sorprendemente, hay actualmente movimientos considerables de condición casi tectónica, que reconfiguran el mundo, la economía y la sociedad, y también en ocasiones y en ciertas dimensiones golpean sobre el planeta de maneras muy diversas, para las cuales no siempre hay respuestas de gobernanza eficaces y, justas, y, especialmente, que contemplen una condición de carácter estructural.

Así, la inquietante combinación precedente del desenvolvimiento de la pandemia global y sus deletéreos efectos, la crisis de la energía, la pugna geopolítica transformada en conflicto global persistente y de densidad creciente, la inflación acelerada, la escases de recursos básicos, los elevados precios de los commodities y la perturbación generalizada de cadenas de valor global criticas, con la consiguiente intranquilidad social y las perturbaciones políticas en sociedades vulnerables, a la vez que una singular insuficiencia de herramientas económicas disponibles para dar respuestas a los problemas de la economía global sin estrangular el consumo popular, y sin profundizar las asimetrías globales que afectan fuertemente a los países en desarrollo, al tiempo que se agravan incesantemente los impactos más agudos del cambio climático, exhiben las dificultades de escenarios con una manifiesta crisis de oferta que se despliega contra un paisaje de conflicto geopolítico cristalizado y de agudización creciente que obtura la búsqueda de soluciones cooperativas para enfrentar el cambio climático cuando, en rigor, más imprescindibles ese tipo de soluciones son.

A ese contexto internacional, ya suficientemente gravoso per se, se van agregando, como piezas adicionales de un dilema de difícil resolución, otros elementos que exigen un esfuerzo de coordinación internacional y de búsqueda de consensos que la propia naturaleza de los escenarios prevalentes como mínimo socavan o dilatan, a la vez que limitan el uso de instrumentos que son particularmente idóneos, con el propósito de hacer frente a los complejos problemas que se plantean para poner en marcha la acción climática a toda la escala necesaria.

Así, es preciso hacer notar que cuando más aguda, urgente y vasta, es la necesidad de provisión de los recursos del financiamiento climático, en particular dirigidos a las economías emergentes y en lo que se denomina de un modo genérico pero bien apropiado, los países del sur global, donde es preciso hacer un enorme esfuerzo de renovación y expansión de las infraestructuras, más generalizados son los casos de países en condiciones de elevado endeudamiento externo y con casi nula capacidad de sostener procesos de acumulación de capital que permitan financiar, al menos en parte los esfuerzos de transición energética y productiva que haga posible ir en dirección de la carbono neutralidad para avanzar hacia los objetivos del Acuerdo de Paris. Estas circunstancias coexisten, agregando mas dificultades a un panorama ya de por si suficientemente duro, con un proceso inicialmente larvado y ahora ya abiertamente explicito, de contagio financiero, una reiteración de crisis preexistentes como loa de 2008-2009, que afecta a instituciones financieras regionales de cierta envergadura, y a un gigante financiero de antigua y solida reputación en los mercados financieros internacionales. Y esto sucede precisamente en un año en el que se preveía que es necesario iniciar un proceso de consolidación del entero financiamiento climático y, asimismo, muy significativamente, de reforma profunda del sistema financiero internacional para adecuar el legado del sistema heredado de los Acuerdos de Bretton Woods a un mundo radicalmente diferente, multipolar y la vez polarizado, interconectado, pero con una intensa competencia por recursos, cuyas características aún hoy siguen perfilándose paulatinamente aunque en condiciones de cierta volatilidad.

Finalmente, en un mundo donde la capacidad de los sectores públicos está constreñida por la limitación en los recursos disponibles para financiar intervenciones públicas de significativa magnitud de manera de financiar la acción climática a gran escala, es preciso que los inversores participen activamente en un proceso de transformación que tenga en cuenta la importancia de asegurar la materialización de los bienes públicos globales para garantizar todo lo que sea necesario el imprescindible funcionamiento de los sistemas naturales bajo distintas circunstancias.

Referencias

Dasgupta, P. The economics of biodiversity: the Dasgupta review. 2021.

McKay, D.I.A., Staal, A., Abrams, J.F., Winkelmann, R., Sakschewski, B., Loriani, S., Fetzer, I., Cornell, S.E., Rockström, J., and Lenton, T.M. (2022). Exceeding 1.5 °C global warming could trigger multiple climate tipping points. Science 377: eabn7950

Rockstrom, J. and Raworth, K. Planetary Boundaries and Human Prosperity. 2015.



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