Minería urbana: el potencial de un residuo olvidado en el fondo de nuestros cajones

El desarrollo continuo y acelerado de la tecnología nos ha sumergido en un mundo que promueve el recambio constante de equipos. Un celular que pasó de moda, una computadora que no funciona, un televisor que no se puede reparar, son ejemplos de los diversos aparatos que desechamos o guardamos en nuestros hogares.


Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en su último reporte “Monitor Mundial de Residuos Electrónicos” (2020), cada año se generan en todo el mundo más de 50 millones de toneladas de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE), cifra que se encuentra en constante crecimiento. Además, las estimaciones realizadas indican que se perdieron más de 57.000 millones de dólares en materiales recuperables, superando el PBI anual de Eslovenia o Croacia.


Qué son los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE)

Los RAEE, también llamados basura electrónica o e-waste, son residuos resultantes de todos aquellos elementos que utilizamos diariamente, como secadoras de pelo, tablets, teléfonos, planchas, heladeras, que, al no funcionar o dejar de ser considerados útiles, se desechan como un residuo.


Las sustancias tóxicas y metales pesados que forman parte de los mismos, tales como mercurio, cadmio, berilio y plomo, pueden contaminar el suelo, agua y aire al ser desechados en basurales o rellenos sanitarios. La presencia de las mismas en estos sitios de desecho ocasionan la percolación de sustancias tóxicas en el subsuelo, llegando a aguas subterráneas, un recurso indispensable de poblaciones y ecosistemas, repercutiendo tanto en el medio ambiente como en la salud humana.; así como también los diversos gases que contienen pueden afectar al calentamiento global. A modo de ejemplo, una heladera desechada incorrectamente puede emitir gases de efecto invernadero equivalentes a las emisiones que genera un auto en 15.000 kilómetros.

Actualmente, los RAEE son la fracción de residuos que más crece a nivel mundial, debido al aumento del consumo tecnológico y la velocidad de recambio de los aparatos eléctricos. Probablemente, veamos esta cifra crecer a una escala exponencial, a causa del aumento de las soluciones digitales como respuesta a la pandemia que atravesamos.


En Argentina, la situación es igual a la del resto del mundo: el consumo de aparatos eléctricos y electrónicos se encuentra en aumento, conjuntamente con su descarte. Se estima que en el país se generan 465.000 toneladas de RAEE por año. Si se reparte este monto equitativamente por el número de habitantes, equivaldría a decir que cada habitante genera anualmente cerca de 10 kg de RAEE.


La minería urbana como alternativa a la minera convencional

A pesar de sus múltiples componentes tóxicos, los RAEE contienen materiales recuperables con alto valor de mercado; entre ellos: oro, cobre, plata, platino y otros metales que comienzan a escasear en la naturaleza y su proceso de extracción minera genera grandes impactos ambientales. Es por ello que, nuestros electrodomésticos, celulares o computadoras son una fuente de componentes con mucho valor.

La minería urbana tiene como objetivo extraer estos materiales valiosos y devolverlos a la cadena de producción como materias primas de nuevos productos. De esta manera, en vez de extraer metales limitados, se recuperan de equipos que serán desechados, disminuyendo significativamente el impacto de la extracción por minería tradicional. Además, en la mayoría de los casos, estos recursos se presentan más concentrados en los RAEE que de forma natural.

En el tratamiento de una tonelada de residuos de aparatos electrónicos, se obtienen aproximadamente entre 200 y 250 gramos de oro, y de una tonelada de residuos de celulares se pueden extraer entre 300 y 350 gramos de oro, mientras que en una mina de oro convencional se pueden extraer 5 o 6 gramos del metal por tonelada de materia prima.

En cuanto a costos, según estudios realizados de comparación de costos y beneficios entre la minería virgen y urbana (Zeng et al., 2021), el costo medio de recuperación de cobre por minería urbana es aproximadamente 5.500 dólares, mientras que por minería virgen es de 7.500 dólares.

La minería urbana nace en la búsqueda de una fuente de recursos que no provenga de una mina, sino de nuestro entorno urbano. A través de esta alternativa, se busca poner fin a la economía lineal y al concepto de usar y tirar, para dar impulso a economías circulares que pretenden aprovechar aquellos recursos que son considerados inútiles.

En este modelo, el consumidor y las empresas productoras presentan un rol fundamental. La entrega de equipos en desuso por parte de los consumidores a lugares de acopio que aseguren el adecuado tratamiento y recuperación de materiales es el punto de partida inicial para incentivar prácticas que protejan el ambiente y la salud de las personas. Además, las empresas deberían adoptar protocolos de producción más conscientes y buscar alternativas para hacerse cargo de sus productos al final de su vida útil.

En la búsqueda por una sociedad más sustentable, el reciclaje o reutilización de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos solo puede estar destinado al crecimiento constante, creando numerosos puestos de trabajo, también llamados “empleos verdes”. En definitiva, el reciclaje de RAEE se presenta como una solución viable y efectiva para hacer frente a la generación masiva de residuos y a la huella que generamos como sociedad sobre el ambiente.


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