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En la búsqueda de un Comercio Internacional más amigable con el Ambiente



Los últimos 70 años se han caracterizado por una expansión sin precedentes del comercio internacional. Esta expansión y la creciente integración de las cadenas de valor mundiales plantean interrogantes sobre cómo interactúan el comercio y el medio ambiente, destacándose entre ellos: ¿Cuáles son los efectos del comercio sobre el medio ambiente? Y a la inversa, ¿cómo puede un entorno natural cambiante modificar los patrones comerciales? ¿Puede una combinación óptima de políticas comerciales y ambientales aprovechar los beneficios del comercio y minimizar los costos ambientales?


El crecimiento económico resultante de la expansión del comercio internacional puede tener un impacto directo en el medio ambiente, al aumentar la contaminación o degradar los recursos naturales. Además, la liberalización del comercio puede conducir a la especialización en actividades intensivas contaminantes en algunos estados, especialmente si el rigor de la política ambiental difiere entre países. A su vez, el vínculo entre el comercio internacional y los medios de transporte también podría suscitar preocupaciones en cuanto al papel del comercio en las emisiones de gases de efecto invernadero.


Sin embargo, el aumento del comercio puede a su vez apoyar el crecimiento económico, el desarrollo y el bienestar social, contribuyendo a una mayor capacidad para gestionar el medio ambiente con más eficacia. Inclusive, los mercados abiertos pueden mejorar el acceso a nuevas tecnologías que harían que los procesos de producción local fuesen más eficientes al disminuir el uso de insumos como energía, agua y sustancias dañinas para el medio ambiente. De forma similar, la liberalización del comercio y la inversión puede ofrecer a las empresas incentivos para adoptar normas ambientales más estrictas, dado que a medida que un país se integra más en la economía mundial, su sector exportador se vuelve más expuesto a los requisitos ambientales impuestos por los principales importadores.


También es posible analizar la situación de forma inversa, considerando cuales son las principales amenazas que supone el calentamiento global para el comercio internacional. Teniendo en cuenta que el transporte marítimo representa alrededor del 80% del comercio a nivel mundial y que el comercio de bienes pasa por cuellos de botella como el Canal de Panamá, el estrecho de Ormuz, el estrecho de Malaca, etc., el aumento del nivel del mar inducido por el calentamiento global y eventos relacionados con el clima, como ciclones y los huracanes, podrían interrumpir las operaciones portuarias y la infraestructura de almacenamiento costero. Estos factores tendrían un impacto significativo en las cadenas de suministro y podrían afectar negativamente las economías de numerosos países.


Por otro lado, es necesario también considerar los impactos del cambio climático en lo referente a la seguridad alimentaria, dado que cuando las personas dependen de alimentos de una parte diferente del mundo, pequeños cambios en los ecosistemas de producción pueden tener grandes implicaciones en las naciones importadoras. Por ejemplo, la transgresión de los límites planetarios como el ciclo hidrológico, los sistemas de uso de la tierra y la biodiversidad, tienen un gran impacto en el rendimiento de los cultivos orientados a la exportación, lo que podría resultar en una escasez global que conlleve a su vez a precios más altos.


Afortunadamente, existen plenitud de oportunidades para la reconciliación entre objetivos más amplios de bienestar económico y los límites de la capacidad de carga de la Tierra.


Esto se puede observar en un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organización Mundial del Comercio (OMC), el cual identificó que un comercio ecológicamente sostenible podría brindar oportunidades comerciales y ventajas competitivas a las naciones en desarrollo; incentivando, por ejemplo, normas ambientales y barreras no arancelarias tales como condiciones sanitarias y fitosanitarias e impuestos, para asegurar que los procesos productivos involucren prácticas ambiental y socialmente éticas. Muy a menudo, estas medidas se utilizan como medidas proteccionistas contra los competidores, sin embargo, una implementación genuina y en sintonía con el conocimiento científico, resultaría en la promoción de prácticas comerciales justas. A su vez, la inclusión de disposiciones ambientales en los acuerdos comerciales bilaterales y regionales también ha ayudado a armonizar las reglamentaciones ambientales entre los países.


Compatibilizar un comercio internacional en crecimiento con el desarrollo sostenible y la protección del ambiente será una tarea ardua, pero posible; requerirá esfuerzos globales concertados, debido principalmente a la naturaleza transfronteriza del problema. Por un lado, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que resaltan la mayoría de las preocupaciones que enfrenta el mundo en la actualidad, deberían ser integrados a las políticas comerciales de las naciones en todos sus niveles de gobierno. Y por otro lado, este proceso debería ser supervisado por organismos como la OMC, los cuales están equipados para asegurar que las normas comerciales básicas no sean violadas.


El comercio, al ser una parte esencial del funcionamiento del sistema internacional, debe desempeñar un papel determinante para garantizar que los seres humanos sean más responsables con la sociedad y el medio ambiente. Sin embargo, para que eso suceda, son necesarias políticas ambientales y marcos institucionales efectivos a nivel local, regional, nacional e internacional, lo cual requiere una acción inmediata y de todos los involucrados.


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