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El biodiésel: una energía renovable en evolución

Por Sofia Garro (Almerix, Pueblo Ester, Prov. de Santa Fe) y Rubén Piacentini (Instituto de Física Rosario, CONICET, Universidad Nacional de Rosario)


El biodiésel, como combustible originado a partir de material biológico (vegetal o grasa animal), forma parte de las llamadas bioenergías modernas, que incluyen los biocombustibles líquidos (etanol y biodiésel) y gaseosos, los pellets de madera y otros componentes de avanzada tecnología. Según la Agencia Internacional de Energía, la bioenergía moderna contribuye con el 55 % a nivel mundial del aporte de las energías renovables y con más del 6 % del suministro total de energía.


El biodiésel, mezclado con diésel derivado del petróleo, se indica cómo BX, donde X es el número de porcientos de contribución del biodiésel al total del combustible. Particularmente, en Rosario, el proyecto BioBus ha probado con éxito este biocombustible, parcialmente (B25) y en su totalidad (B100).


Las tendencias futuras se basan en escenarios de proyección, que consideran distintas posibilidades de uso del biodiésel. Si bien en Europa se han establecido limitaciones para los motores de combustión interna (y, por ende, para el uso de diésel y biodiésel) a partir del año 2035, la Agencia Internacional de Energía propone un escenario mundial de incremento significativo de 4 veces, entre 2021 y 2030, en el uso de los biocombustibles líquidos (biodiésel y bioetanol), principalmente debido al transporte por carretera.


Si analizamos las emisiones de gases de efecto invernadero de todo el ciclo de vida del biodiesel y las comparamos con las del diésel fósil, encontramos una gran variabilidad de resultados, dado que hay muchos factores que influyen: el cambio en el uso del suelo (por ejemplo, pasar de bosques a tierras de cultivos tiene un impacto negativo), las prácticas de producción primaria (monocultivo, uso de cultivos de cobertura, tipo de labranza de la tierra), las distancias que deben recorrer materias primas e insumos, las prácticas de producción de aceites, la dependencia de combustibles fósiles de la planta de producción de biodiesel y la distribución del producto y subproductos. Cuando el biodiesel se basa en residuos, las emisiones son mucho menores.


Entre las ventajas que podemos mencionar sobre la producción y uso del biodiesel en reemplazo del diésel fósil, se destacan no sólo la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también la generación de puestos de trabajo -contribuyendo a las economías regionales-; la posibilidad de ser producido a baja escala, de adaptarse a los motores actuales de combustión interna con pocas o nulas modificaciones, de usar la cadena de suministro y logística actual y la gran cantidad de materia prima disponible en nuestro país, generando un producto con alto valor agregado, que ayuda a disminuir las importaciones de gasoil.


En conclusión, el uso de biodiesel puede contribuir al objetivo de reducir a 1,5 °C el incremento de la temperatura global promedio para fin de siglo, tal como lo solicita Naciones Unidas a través del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, aportando así al esfuerzo mundial para limitar el calentamiento global.


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