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Educar para actuar, educar para cuidar

El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. Papa Francisco, Encíclica "Laudato Si".

Stella Maris Andretich

Ingeniera especialista en medioambiente. Cuenta con más de 37 años de docencia en la Pontificia Universidad Católica Argentina y es Decana de la Facultad de Química e Ingeniería de dicha Universidad en su sede de la ciudad de Rosario.


Está claro que la protección del medioambiente es una cuestión presente y que atañe a todos desde lo individual, familiar, social, político, económico. No hay arista sobre este tema que haya escapado a un minucioso análisis cuyos resultados obligan a dar respuesta permanente y avanzar con firmeza en brindar soluciones.


La contracara de las medidas de aislamiento obligatorio adoptadas en la pandemia de Covid 19 fueron las escenas de animales recuperando territorios, y los registros dando cuenta de menor contaminación del agua y del aire, al igual que otros indicadores señalando que mucho estamos haciendo mal en lo que respecta al cuidado de nuestra casa común. Proteger la vida frente al acecho de un enemigo invisible como un virus, sentirnos vulnerables, indefensos y asustados, significó ponernos en los zapatos de las otras especies y de la misma tierra que nos alberga y nos sufre.


Podemos adjudicar responsabilidades sin reflexionar sobre lo que hacemos en particular. También dejar que del futuro se ocupen los que vienen detrás nuestro y simplemente poner “parches” para no hacer tan visible lo irreparable. Las decisiones que se toman hablan de la época que nos sostiene y tarde o temprano habrá que responder en consecuencia. Entre tantos aspectos preocupantes es que naturalizamos los efectos colaterales de nuestro accionar muchas veces irresponsable y carente de humanidad. Justamente, la especie que debería dar el ejemplo es la que falla. Hay mucho trabajo en defensa del medio ambiente pero no es suficiente. Como señala el Papa Francisco “necesitamos una solidaridad universal nueva”, donde la participación abarque a todos.


Ahora, si de aprendizajes se trata, lo indiscutible es el papel de la educación como herramienta fundamental para generar y gestionar cambios posibles. Es la educación la que quita la venda de los ojos, la que iguala o debiera igualar el acceso al conocimiento y a las oportunidades. Es la educación, principalmente, la que construye lazos de trabajo mancomunado en defensa del medio ambiente.


En nuestro país contamos con la ley número 27.621 que establece el derecho a la educación ambiental integral como una política pública nacional, entendiéndose como un proceso educativo permanente que busca generar una conciencia ambiental y ejercer el derecho a un ambiente sano.

Vivimos en la era de la inmediatez, de la aldea global, de la inteligencia artificial y avances que antes creíamos de ciencia ficción. Quizás sea tiempo de detenernos un instante a pensar hacia dónde queremos ir realmente y a qué costos hacerlo. La educación siempre será la llave que habilite horizontes nuevos, igualando a todos y sin excluir a nadie.


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