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Baterías de gravedad: una posible solución al almacenamiento de energía

Ornella Corallo 

Área de Ambiente y Cambio Climático FNGA



Estos dispositivos funcionan por energía potencial gravitatoria y podrían ser el reemplazo de las baterías de litio.


Uno de los desafíos más importantes de las energías renovables es como hacer para evitar el desperdicio de la energía producida cuando no se la necesita y aprovecharla cuando no se la puede generar. Naturalmente, las fuentes de energía renovable, como la radiación solar y el viento, son intermitentes, lo que puede dar lugar a momentos en los que la producción supera la demanda, o viceversa, causando exceso o deficiencia de energía. Frente a este escenario, han surgido diversas alternativas para almacenar la energía y, por lo tanto, adecuarse a las necesidades del mercado. Las baterías de litio son una de las soluciones más difundidas. No obstante, estas han generado diversas críticas de activistas ambientales debido a sus métodos de extracción e impactos sobre los ecosistemas.


Una novedosa alternativa que ha emergido recientemente son las denominadas baterías de gravedad o gravitacionales. Su principio de funcionamiento se basa en la 'energía potencial gravitatoria'. En otras palabras, se aprovecha la energía que acumula un objeto cuando se eleva por encima de una línea de referencia (como el suelo). Cuando el objeto cae por gravedad, esta energía se transforma en 'energía cinética', es decir, en movimiento, que puede ser transformado en electricidad a partir de un motor. Este es el mismo fundamento por el cual funcionan las centrales hidráulicas, donde el agua se acumula ganando altura, para luego ser desplazada hacia un terreno más bajo a través de turbinas que transforman esta energía en electricidad.


Empresas en todo el mundo ya han empezado a explorar este tipo de almacenamiento, desarrollando enfoques distintos para su aprovechamiento. Energy Vault, con sedes en California y Suiza, apila ladrillos construidos a partir de desechos, como cenizas de carbón y palas eólicas, mediante un software autónomo que los posiciona estratégicamente. Cada ladrillo representa 1 MW de energía potencial acumulada, y cuando se necesita, el software organiza un descenso secuencial. 


Gravitricity, con base en Escocia, aprovecha pozos de minas existentes y, mediante un equipo de elevación ubicado en la superficie, sube y baja un peso con el mismo objetivo. 

ARES (Advanced Rail Energy Storage), impulsa vehículos pesados hacia una superficie más alta a través de tecnología ferroviaria. Cuando se necesita energía, los vehículos se despliegan cuesta abajo, entregando energía eléctrica a la red de manera rápida y eficiente. Este sistema garantiza máquinas con una vida útil de 40 años sin degradación ni sobrecalentamiento.


Por su parte, Gravity Power utiliza agua en un circuito cerrado y funciona como un gran pistón. Se inyecta agua en el momento de disponibilidad de energía, haciendo que el pistón se eleve, y luego se libera el agua, forzándola a pasar por una turbina impulsada por el peso del pistón.

Todas estas empresas presentan a esta tecnología como una forma más flexible, eficiente, económica, duradera en el tiempo y amigable con el ambiente en comparación con baterías de otro tipo. Sin embargo, su desarrollo comercial aún es escaso.




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