Argentina esquiva sistemáticamente la eficiencia energética en sus políticas del sector energético

Es un hecho que la humanidad necesita de energía para desarrollarse y que las formas de proveerla son muy diversas, con diferentes costos económicos y ambientales.

Pero también que los informes científicos son claros al afirmar que el uso del carbón, los combustibles líquidos y el gas natural deberán reducirse drásticamente hacia 2050, para evitar una crisis climática severa e irreversible en el mundo entero, que puede ya advertirse cada vez con más frecuencia en las olas de calor, incendios o sequías en Europa. En Argentina el panorama no es diferente, con incendios en Córdoba y Corrientes, sequías, o una bajante histórica del Río Paraná. Además de las consecuencias ambientales, de estas se derivan variadas consecuencias económicas y sociales de gravedad.


Tanto a nivel nacional como a nivel global, el factor principal detrás de esta problemática es la utilización de carbón, naftas y diesel, y gas natural. Por esa razón, debemos reemplazarlos urgentemente por opciones sostenibles: las energías renovables. Además de ser fuentes maduras y más económicas, son también la fuente de energía más abundante en el país: mucho más que los grandes yacimientos de combustibles fósiles como Vaca Muerta.


Pero quiero focalizarme en la otra enorme “fuente energética”, que se encuentra del lado del consumo: la eficiencia energética. La misma busca optimizar y disminuir el uso de energía, evitando el derroche innecesario que se produce por mal uso de instalaciones, malos diseños arquitectónicos y urbanísticos y el empleo de tecnología obsoleta, entre tantos otros factores.


La Argentina adoptó, desde 2004 (y aún antes) algunas políticas “discontinuadas y tibias” en este sentido. Sin embargo, se estima que desde 2015 se produjo un ahorro en el sector eléctrico del orden de los 10 TWh, equivalente al 7% del consumo de ese año y a lo producido por las centrales nucleares, Embalse de Río Tercero y Atucha II.


Entonces, ¿por qué la Argentina no aplica una política activa de eficiencia energética, para evitar tanto el gasto energético innecesario como la contaminación que profundiza la crisis climática? Esta es una parte muy importante de la política energética en aquellos países que las implementan, ya que los beneficios descriptos ofrecen resultados tan importantes como los que otorgan las mismas fuentes energéticas. La Argentina esquiva desde hace décadas la activación decidida de políticas en este sentido. Esto obliga a la ciudadanía a malgastar sus recursos e impuestos, generando un impacto innecesario en el ambiente y evitando la producción de los puestos de trabajo que se generarían de la mano de la eficiencia.



También es importante recordar que, en el contexto de una crisis climática que impactará drásticamente a la población a nivel social, ambiental y económico, los beneficios que promete la supuesta activación de producción y exportación del gas natural serán contrarrestados, en el mejor de los casos, por los impactos. Al mundo, incluyendo a la Argentina, no le queda otra opción más que abrazar inteligente y solidariamente el camino de la sostenibilidad, y la eficiencia energética es uno de sus pilares.

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